Charlotte Gainsbourg desnuda.
Charlie Sheen desnudo.
Yo también desnudo.
¡Suena una alarma!
Los tres corremos hacia una cama.
Nos estiramos.
Los besos son mecánicos.
Sólo podrían excitar a desalmados.
O a auténticos profesionales.
Hay un enorme marcador sobre nosotros.
Es una cuenta atrás.
Tenemos prisa.
No entiendo nada...
Descubro el plató.
Después al público.
Aplauden.
Estamos en un concurso de la tele.
Creo que se trata de un nuevo formato.
Algo así como que el trio que consiga hacer más posturas en menos tiempo gana.
Desconozco el premio.
Pero mis compañeros se lo toman muy en serio.
Ahora Charlie está debajo.
Charlote está en medio.
Yo aprieto desde arriba.
Después Charlie y yo estamos de pie.
Charlotte de rodillas.
Creo que no estamos disfrutando.
Es todo competición.
¡Suena otra alarma!
Y entran dos caballos salvajes al plató.
Están excitados.
Me enseñan sus lenguas.
Los dientes.
Nuevos concursantes...
Charlie y Charlotte cambian de postura al verlos.
Me asusto.
Creo que ese formato televisivo es más sofisticado de lo que me imaginaba.
Qué cruel puede llegar a ser la televisión...
jueves, 9 de febrero de 2012
sábado, 28 de enero de 2012
Puede hacer conmigo lo que quiera.
Una chica me está siguiendo.
Morena de pelo.
Morena de piel.
Nariz muy grande.
Puntiaguda.
Antes fue un pájaro.
Un gorrión.
Mejor un cuervo.
Pensaba que eran encuentros casuales.
Pero me está siguiendo descaradamente.
En la esquina del supermercado.
En yogures con detergentes.
Subiendo la escalera del metro Fontana.
Escuchando la guitarra china del músico chino.
En la gasolinera.
Inflando las ruedas de su bici.
En el pasillo de mi casa.
Antes de llegar al baño.
Justo acaba de tirar de la cadena...
¡No deja de seguirme!
Empiezo a correr.
En su dirección contraria.
Si paro. Me atrapa.
Cruzo Passeig de Gracia.
Sin mirar.
Oigo bocinas.
Oigo frenazos.
Entro en un taxi.
Refugio antiaéreo.
Pero ella está allí dentro.
Esperándome.
Me sonríe.
Abre la boca y sale una lengua infinita.
Es un látigo certero.
Una cinta áspera.
De diferentes lenguas cosidas entre sí.
Su lengua me envuelve.
Atado.
Todo el cuerpo.
Inmóvil.
Ahora puede hacer conmigo lo que quiera...
Morena de pelo.
Morena de piel.
Nariz muy grande.
Puntiaguda.
Antes fue un pájaro.
Un gorrión.
Mejor un cuervo.
Pensaba que eran encuentros casuales.
Pero me está siguiendo descaradamente.
En la esquina del supermercado.
En yogures con detergentes.
Subiendo la escalera del metro Fontana.
Escuchando la guitarra china del músico chino.
En la gasolinera.
Inflando las ruedas de su bici.
En el pasillo de mi casa.
Antes de llegar al baño.
Justo acaba de tirar de la cadena...
¡No deja de seguirme!
Empiezo a correr.
En su dirección contraria.
Si paro. Me atrapa.
Cruzo Passeig de Gracia.
Sin mirar.
Oigo bocinas.
Oigo frenazos.
Entro en un taxi.
Refugio antiaéreo.
Pero ella está allí dentro.
Esperándome.
Me sonríe.
Abre la boca y sale una lengua infinita.
Es un látigo certero.
Una cinta áspera.
De diferentes lenguas cosidas entre sí.
Su lengua me envuelve.
Atado.
Todo el cuerpo.
Inmóvil.
Ahora puede hacer conmigo lo que quiera...
miércoles, 4 de enero de 2012
Mi gata albina.
La gata es albina.
Pelo blanco.
Ojos rojos o transparentes.
Dependiendo del reflejo.
Del ángulo en el que mire.
Y mira asustada.
Desorientada.
Creo que ayer no era albina.
Sólo hoy.
Ha despertado así.
De esas enfermedades que ocurren por la noche.
Cuando duermes.
Descubro que está ciega.
Descubro que es Sushi.
Mi gata.
Pero no me reconoce.
En ese momento es cuando pienso que quizás soy yo el que no soy el mismo...
Le acaricio como siempre.
Le llamo por su nombre.
Silbo como se silba a los gatos.
Pero no me reconoce.
En ese momento es cuando descubro que soy yo el que no soy el mismo...
Me pongo muy triste.
Le digo que duerma.
Profundamente.
Quizás mañana me reconozca.
Cuando los dos volvamos a ser como antes.
Pelo blanco.
Ojos rojos o transparentes.
Dependiendo del reflejo.
Del ángulo en el que mire.
Y mira asustada.
Desorientada.
Creo que ayer no era albina.
Sólo hoy.
Ha despertado así.
De esas enfermedades que ocurren por la noche.
Cuando duermes.
Descubro que está ciega.
Descubro que es Sushi.
Mi gata.
Pero no me reconoce.
En ese momento es cuando pienso que quizás soy yo el que no soy el mismo...
Le acaricio como siempre.
Le llamo por su nombre.
Silbo como se silba a los gatos.
Pero no me reconoce.
En ese momento es cuando descubro que soy yo el que no soy el mismo...
Me pongo muy triste.
Le digo que duerma.
Profundamente.
Quizás mañana me reconozca.
Cuando los dos volvamos a ser como antes.
lunes, 26 de diciembre de 2011
Salvando a una chica salvaje.
El edificio es un colegio de dibujo animados japoneses.
Valen.
Germán.
Yo mismo.
Caminamos con sonrisa malinga.
Por los pasillos vacíos.
Tenemos un objetivo claro.
Vamos armados con navajas de oficina.
Llegamos a una aula.
Germán golpea la puerta.
Cae al suelo.
Una chica grita aterrorizada.
Escondida entre los pupitres.
Pelo largo.
Negro.
Creo que por un momento ella pensaba que se había escapado de nosotros.
La pobre...
Su vestido campestre...
Esa inocente forma de gritar...
Tenemos la sensación de que es la primera vez en su vida que ha pasado miedo.
Y nos vuelve locos.
Desenfundamos nuestras navajas de oficina.
Nos ensañamos con ella.
Los tres.
Solventes espadachines.
Ya no sé diferenciar los gritos de las carcajadas.
Su vestido va cayendo al suelo.
Deshilachándose.
Pienso que nadie podría armar un puzle de tantas piezas.
Está desnuda.
No llevaba ropa interior.
Probablemente porque nadie le había hablado de su existencia.
Intenta ocultar sus tetas.
Y su exagerado bello púbico.
Una chica salvaje...
No tiene ni un rasguño en su piel.
Un gran trabajo.
Nuestra obra maestra.
Salimos del colegio japonés.
Orgullosos.
Mientras enfundamos nuestras navajas de oficina.
Valen.
Germán.
Yo mismo.
Caminamos con sonrisa malinga.
Por los pasillos vacíos.
Tenemos un objetivo claro.
Vamos armados con navajas de oficina.
Llegamos a una aula.
Germán golpea la puerta.
Cae al suelo.
Una chica grita aterrorizada.
Escondida entre los pupitres.
Pelo largo.
Negro.
Creo que por un momento ella pensaba que se había escapado de nosotros.
La pobre...
Su vestido campestre...
Esa inocente forma de gritar...
Tenemos la sensación de que es la primera vez en su vida que ha pasado miedo.
Y nos vuelve locos.
Desenfundamos nuestras navajas de oficina.
Nos ensañamos con ella.
Los tres.
Solventes espadachines.
Ya no sé diferenciar los gritos de las carcajadas.
Su vestido va cayendo al suelo.
Deshilachándose.
Pienso que nadie podría armar un puzle de tantas piezas.
Está desnuda.
No llevaba ropa interior.
Probablemente porque nadie le había hablado de su existencia.
Intenta ocultar sus tetas.
Y su exagerado bello púbico.
Una chica salvaje...
No tiene ni un rasguño en su piel.
Un gran trabajo.
Nuestra obra maestra.
Salimos del colegio japonés.
Orgullosos.
Mientras enfundamos nuestras navajas de oficina.
lunes, 12 de diciembre de 2011
Mi socio... Mi amigo...
Estoy en casa de mis padres.
Abro la puerta del comedor.
La mesa está puesta.
Con sus mejores galas.
Creo que es una comida de Navidad.
Aún no ha llegado nadie.
Oigo un ruido detrás de la puerta.
Es mi madre.
Está besando a alguien.
En los labios.
Con pasión.
Descubro su amante.
Bernat Manzano.
Mi socio...
Mi amigo...
Me despierto.
Aturdido.
FIN
Sigo aturdido todo el día. En la oficina. Con él. Codo con codo. Me promete que esta noche ha dormido con Sofi. No sabe nada de mi madre.
Abro la puerta del comedor.
La mesa está puesta.
Con sus mejores galas.
Creo que es una comida de Navidad.
Aún no ha llegado nadie.
Oigo un ruido detrás de la puerta.
Es mi madre.
Está besando a alguien.
En los labios.
Con pasión.
Descubro su amante.
Bernat Manzano.
Mi socio...
Mi amigo...
Me despierto.
Aturdido.
FIN
Sigo aturdido todo el día. En la oficina. Con él. Codo con codo. Me promete que esta noche ha dormido con Sofi. No sabe nada de mi madre.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
No existen confusiones.
Estoy en mi cama.
Adormilado.
Plácido.
Debajo de la sábana.
Tengo la sensación que es de color blanco.
Alguien se acerca lentamente.
Se escurre hacia mi y me besa.
Delicada.
Es una chica.
Aunque no sé quién es le devuelvo el beso.
Me siento realmente único.
Especial.
Ella coge mi mano.
La lleva a su teta.
Creo que la derecha.
La aprieto.
Abro los ojos y la miro.
Sigo sin reconocerla pero mis ojos brillan en los suyos.
Descubro que es una trampa, cuando despechada, con una sonrisa, me dice:
"Me has hecho tanto daño... Y no me lo merecía. Te dije que las cosas iban a acabar mal..."
Sé que no es una broma.
Ella se va.
Desaparece por algún lugar.
Por alguna puerta que desconozco.
No entiendo absolutamente nada.
Y me siento realmente solo.
Ahora sé que la sábana es de color azul oscuro.
Aparecen unos hombres.
De repente.
Parecen mexicanos.
Tienen bigotes finos.
Brazos enormes.
Y malas intenciones.
Uno me coge por el tobillo.
Me saca de la cama.
Hasta una balcón.
Me amenazan.
Con violencia.
Dicen que voy a pagar por lo que le hice a la chica.
Les digo que no la conozco.
No aceptan explicaciones.
Creo que se están equivocando de persona...
Me arrojan por el balcón con tanta fuerza que llego hasta el bloque de enfrente.
En dos actos acabo en mitad de la calle.
Noto sangre en mi cabeza.
Me escuecen los ojos.
Intento levantarme.
Cuando lo consigo llega un coche.
Se abren las puertas.
Son ellos.
Me sientan delante.
De copiloto.
El mexicano de fino bigote empieza a acelerar.
Vamos demasiado rápido.
Directos contra el bloque pisos.
No tengo dudas.
Vamos a estrellarnos.
El mexicano de fino bigote me mira a los ojos.
Enloquecido.
"Sólo si tienes mucha suerte saldrás vivo de esta. El que seguro que no seguira con vida será tu hijo..."
Definitivamente se han confundido de persona.
A doscientos por hora el tiempo se detiene.
Empiezo a fantasear sobre el delito del que se me acusa.
Sobre la posibilidad de ser el acusado.
¿Soy yo?
No existen confusiones.
Tampoco casualidades.
¿Qué cosa tan horrible le he podido hacer a esa chica?
Prometo que no quise hacerte daño.
Me despierto antes de la colisión.
Adormilado.
Plácido.
Debajo de la sábana.
Tengo la sensación que es de color blanco.
Alguien se acerca lentamente.
Se escurre hacia mi y me besa.
Delicada.
Es una chica.
Aunque no sé quién es le devuelvo el beso.
Me siento realmente único.
Especial.
Ella coge mi mano.
La lleva a su teta.
Creo que la derecha.
La aprieto.
Abro los ojos y la miro.
Sigo sin reconocerla pero mis ojos brillan en los suyos.
Descubro que es una trampa, cuando despechada, con una sonrisa, me dice:
"Me has hecho tanto daño... Y no me lo merecía. Te dije que las cosas iban a acabar mal..."
Sé que no es una broma.
Ella se va.
Desaparece por algún lugar.
Por alguna puerta que desconozco.
No entiendo absolutamente nada.
Y me siento realmente solo.
Ahora sé que la sábana es de color azul oscuro.
Aparecen unos hombres.
De repente.
Parecen mexicanos.
Tienen bigotes finos.
Brazos enormes.
Y malas intenciones.
Uno me coge por el tobillo.
Me saca de la cama.
Hasta una balcón.
Me amenazan.
Con violencia.
Dicen que voy a pagar por lo que le hice a la chica.
Les digo que no la conozco.
No aceptan explicaciones.
Creo que se están equivocando de persona...
Me arrojan por el balcón con tanta fuerza que llego hasta el bloque de enfrente.
En dos actos acabo en mitad de la calle.
Noto sangre en mi cabeza.
Me escuecen los ojos.
Intento levantarme.
Cuando lo consigo llega un coche.
Se abren las puertas.
Son ellos.
Me sientan delante.
De copiloto.
El mexicano de fino bigote empieza a acelerar.
Vamos demasiado rápido.
Directos contra el bloque pisos.
No tengo dudas.
Vamos a estrellarnos.
El mexicano de fino bigote me mira a los ojos.
Enloquecido.
"Sólo si tienes mucha suerte saldrás vivo de esta. El que seguro que no seguira con vida será tu hijo..."
Definitivamente se han confundido de persona.
A doscientos por hora el tiempo se detiene.
Empiezo a fantasear sobre el delito del que se me acusa.
Sobre la posibilidad de ser el acusado.
¿Soy yo?
No existen confusiones.
Tampoco casualidades.
¿Qué cosa tan horrible le he podido hacer a esa chica?
Prometo que no quise hacerte daño.
Me despierto antes de la colisión.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Tentáculos
Estoy practicando sexo oral con ella.
Me estoy comiendo su coño.
Un coño muy complicado.
Sus labios desembocan en tentáculos.
De pulpo.
O de calamar.
No sé.
Los tentáculos se meten en mi nariz.
Están vivos.
No me dejan trabajar.
No es una excusa.
¡Son esos malditos tentáculos!
Me estoy comiendo su coño.
Un coño muy complicado.
Sus labios desembocan en tentáculos.
De pulpo.
O de calamar.
No sé.
Los tentáculos se meten en mi nariz.
Están vivos.
No me dejan trabajar.
No es una excusa.
¡Son esos malditos tentáculos!
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