martes, 14 de junio de 2011

El HECHO de pisar a Shakira

Plató.
Luces.
Cámaras.

Estamos preparando el rodaje del nuevo videoclip de Shakira.


Yo no acabo de saber qué papel desempeño en el rodaje.
Pero ando por ahí...

La están maquillando.
A Shakira.
Muy seria.
Como asqueada de su trabajo.
De todos nosotros.

Sin querer paso por su lado y le piso un pie.
Un pisotón.
Pero muy flojito.
Casi nada.
Rozándola.

Shakira se vuelve loca.
Me empieza a insultar.
Que si la he humillado.
Que si no sé quién es.
Que cómo alguien como yo en su videoclip.
Que cómo me atrevo a pisar a la gran Shakira...

Me disculpo.
Un millón de veces.
Sincero.
Pido piedad.

Pero Shakira no va a dejar pasar tal ofensa por alto.

¡¡¡Que venga ahora mismo el productor!!! Grita Shakira.
Resulta que el productor es el mismísimo Toni Carrizosa.
Llega al plató.
Cabreado es poco.
Delante de todos, una bronca horrible.
Me insulta sin parar.
No parece que nos conozcamos de toda la vida, vamos.
Estoy a punto de empezar a llorar...


Tragicomedia pura.

Toni: ¿Estas loco? ¿Cómo te atreves a pisar a Shakira?
Yo: Lo siento ha sido sin querer. Y además, ha sido un pisotón muy flojo. Apenas pisotón.
Toni: Da igual si es flojito o no. Es EL HECHO de pisar a Shakira. ¿No lo entiendes? ¡EL HECHO!

A Shakira le da igual verme llorar desconsolado.
Ella sigue furiosa.
Pidiendo mi cabeza.
En bandeja.

Al final me despiden del rodaje.
En ese momento me da igual.
No entiendo por qué antes estaba tan triste...


Después descubro a Toni llorando al lado de Kike Maillo, director del videoclip.
Kike lo consuela.

TONI: Shakira está muy enfadada, Kike. Creo que no va a querer conocer a mis amigos. Se va a ir sin tomar unas copas con nosotros en el Milano. Y a mi madre le hacía tanta ilusión...

lunes, 13 de junio de 2011

Abuelos Moribundos Parade

Camino por un paisaje infinito.
Árboles.
Al final montañas de nieve.
Hace mucho frío.
Visto pieles gruesas de lobos o bisontes.
Muy medieval todo.

No voy solo.
Me acompaña un ejército de viejos.
Personas mayores.
Abuelos.
Muchos.
Mil o más.
Caminando lentamente.
Jorobados por artrosis.
Y otras enfermedades de viejos.
Curiosa Rua de Canaval, pienso...

Yo les guio.
Hacia las montañas nevadas.
Estamos todos muy tristes.
Ellos más.

Los viejos lloran y hablan en voz baja.
No entiendo lo que dicen.
Supongo que cosas de viejos.

Estamos toda la noche caminando.
Sin hablar.
Sólo caminar y caminar.
Entre el puro frío.

Llegamos a la falda de la montaña nevada.
Por fin.
Me detengo.
Me giro.
Y mirándoles, directamente a la cara por primera vez, les digo que ahora tienen que seguir ellos solos.
No sé si siento pena.
O alegría.

Veo a los viejos caminar.
Alejándose.
Siento como que, si tuviera pitillos, fumaría.

viernes, 3 de junio de 2011

Demasiado corazón.

Sala de espera.
Hospital.
Mis padres están preocupados.
Llegan los médicos.
Nunca se habían encontrado con un caso así.
No saben cuál es mi enfermedad.

Acabo de nacer.
Estoy entubado completamente.
En una cuna de plástico.
Duermo.
Sólo en la habitación.
Las máquinas cantan.

Resulta que mi corazón es demasiado grande.
De hecho es el único órgano que hay dentro de mi cuerpo.
Ni pulmones, ni hígado, ni estómago, ni nada...
Sólo corazón.
Demasiado corazón, dicen los médicos.

Moriré en cualquier momento.
Normal.
Mis padres lloran desconsolados.

Elípsis.

Ahora soy mayor.
He crecido.
Tengo pulmones, hígado, estómago, barba, de todo un poco...
Estoy curado.
Soy un tipo normal.
Con un corazón normal.
Sano.

¡Qué decepción!

lunes, 30 de mayo de 2011

Niño cobarde bajo la mesa

Mi madre está preocupada.
A punto de llorar.
En el sofá de casa.

Mi padre le dice que ese es un barrio seguro.
Que no va a pasar nada.
Estamos a salvo.
Toda la familia.

Entonces unos tipos entran por la ventana.
Macarras de los ochenta.
Rollo Death Wish 3.
Una parodía del mal.



Se sacan cuchillos enormes.
Apuñalan a mis padres.
Apuñalan a mis hermanas.
No mueren.
Mil puñaladas.
Una y otra vez.
Gritos sin parar.
Pero nunca mueren.

Cuando mi madre empieza a llorar nunca acaba.
Mi padre se arrepiente de haber comprado ese piso.
En ese barrio tan seguro.

Yo me escondo debajo de la mesa.
No hago ruido.
No me descubren.
En realidad creo que hacen ver que no me descubren.
Sí, seguro que saben que estoy allí.
Los macarras.
Creo que sólo lo hacen para yo lo descubra.
Que soy un niño cobarde...

martes, 24 de mayo de 2011

Remakes. Secuelas. Pedir perdón.

A veces tengo sueños en los que me porto mal. Soy un cabrón con alguien, engaño a chicas o, sencillamente, soy un hijo de puta por diversión. Normalmente, en estos casos, me doy cuenta de mis malas acciones y el remordimiento, dentro del mismo sueño, hace que deje de comportarme como un cretino. 
Otras veces no.
Sencillamente soy mala gente durante toda la noche. Hasta que me despierto y pienso, bueno, ha sido un sueño. Aunque todos sabemos que eso no es una excusa. 
Por ejemplo, hace pocos días soñé algo bastante cruel:


ANTES DE DAR UNA CHARLA.
Abro la habitación de un hotel de lujo.
Llevo una maleta conmigo.
Voy bien vestido.
Creo que me han invitado a dar una charla sobre algo.
Me alojo en ese cinco estrellas.

Dentro de la habitación descubro al delgado de Hidrogenesse y una chica morena con melena larga deshaciendo su maleta sobre una cama.



La chica me sonríe, simpática.
Parece tan buena persona...

Ellos son mis compañeros de habitación. Compañeros de charla.

Después estamos en el bar del hotel.
Los tres.
La chica en medio.
El de Hidrogenesse y yo estamos compinchados.
Nos hacemos miradas cómplices.
Queremos emborrachar a la chica.

La chica está borracha perdida en el asiento de atrás del coche a punto de perder el conocimiento.
Pregunta que a dónde la llevamos.
El de Hidrogenesse de copiloto.
Yo conduzco.
Nos reímos sin hacer ruido.
Con los ojos.
Crueles.

Más tarde estamos desnudando a la chica en mitad de un espigón.
Es de noche.
La luna se refleja en el mar.
La chica nos pide por favor que no le hagamos daño.
Nosotros dos no decimos nada.
Sólo miradas crueles y risitas mudas.
Tardamos mucho en desnudarla.
A cámara lenta, frame a frame, siempre resultan más crueles las vejaciones.

Al final.
La chica desnuda.
La empujamos al agua del mar.
La vemos hundirse.

El de Hidrogenesse y yo nos vamos.
De vuelta al hotel.
Tranquilamente.
A dar los dos la charla, supongo...

FIN


Evidentemente no puedo más que despertarme con remordimientos.
He sido un desgraciado toda la noche.


Pero lo curioso de todo esto es cuando unos días después, por la noche, sueño exáctamente con el mismo planteamiento pero con un final distinto. Como si tuvieras una segunda oportunidad para resarcirte de ese primer sueño horrible en el que tiras a una chica desnuda al mar.


Me explico. 
Hoy he soñado exactamente el mismo sueño de ANTES DE DAR UNA CHARLA.
La misma crueldad al principio pero con un giro al final que me otorga el perdón.


Estamos en el espigón.
Con el de Hidrogenesse.
Desnudando a la chica...


ANTES DE DAR UNA CHARLA PIDO PERDÓN.
...
A cámara lenta, frame a frame, siempre resultan más crueles las vejaciones.


Al final.
La chica desnuda.
Me mira a los ojos.
Los tiene llorosos.
Piedad, me grita.
Piedad, sin abrir la boca. Sin hacer ruido.

Es entonces cuando lo entiendo todo.
Lo que estoy haciendo no está bien.

Miro al delgado de Hidrogenesse.
Él sigue con la misma sonrisa cruel.
A punto de empujar a la chica al mar.

Elípsis.
El delgado de Hidrogenesse se está hundiendo en el agua.
Como una momia.
Sin importarle morir ahogado.
Sabe que ha perdido.

Después camino el espigón.
Con la chica desnuda en brazos.
Se ha dormido.
A salvo.
A dar los dos la charla, supongo...

FIN

Quizás para poder ser buena persona, antes hay que ser un pedazo de mierda. Quizás necesito matar a alguien para poder salvarlo después y pedirle perdón. Creo que esto va de segundas oportunidades, de volver a intentarlo. Como cuando estamos despiertos.

viernes, 20 de mayo de 2011

Salvando bebés.

Sueño que estoy en Av. Paral·lel.
Un abuelo que camina delante mio descubre algo y lo señala con el dedo.
Grita.
Asustado.
El miedo por lo que ha visto es tan fuerte que se desmaya.
Se cae al suelo.


Rápidamente miro lo que el abuelo señalaba.
Se trata de una mujer que señala algo.
Tambíen asustada.
También grito.
También se desmaya.

Miro hacia la nueva dirección que me ha dado la mujer.

Ahora es una abuela.
Igual.
Grito. Dedo. Desmayo.

Así sigo un buen rato.
De dedo en dedo en dedo en dedo...

Finalmente descubre que unos bebés se están escapando de un hospital.
Son bebés de apenas tres meses.



Con pañales.
Pero saben correr.
Saben escapar.
Y saben esconderse bajo los coches. 

La ciudad está inundada de bebés.
En cualquier momento los pueden atropellar.
Y sólo yo puedo salvarlos.
Todos los otros siguen desmayados.

Voy salvando bebés.
Uno a uno.
Los entro al hospital.

Pero cada vez hay más bebés corriendo por Av. Parallel.
Me angustio pensando que no voy a ser capaz de recuperarlos a todos.

Toda la noche salvando bebés.

Por fin recojo al último.
Entro al hospital.
Orgulloso.
Cual héroe de bebés.

Estoy tan seguro de mi mismo que beso a la enfermera.
Es rubia.
De impecable blanco.

Me mira enfadada y me dice:
"Eso que has hecho no está bien..."

Toda mi valentía desaparece fulminada.
Sólo me atrevo a decir:
"He aparcado la bici fuera. ¿Crees que me la robarán?"

La enfermera me contesta:
"Probablemente sí. Te la robarán..."

Salgo cabizbajo del hospital.
Como si hubiera sido el peor día de mi vida.
El más vergonzoso.

jueves, 28 de abril de 2011

El plan de mis cervicales

Sueño que estoy durmiendo en mi habitación.
Me despierto.
Hay algo en mi almohada que no funciona.
Me duelen las cervicales.

Me quejo en voz alta. Como para que alguien me oiga y me ayude.
Pero no hay nadie más.

Sólo hay ratas.
Ratas blancas y enormes que corretean tranquilamente por el suelo de mi habitación.
Muchas.
Ratas.


Yo no me asusto.

Empiezo a matarlas una a una a pisotones.
Ellas tampoco se asustan; tenían claro que iban a morir, digo yo...
Ratas que son cucarachas.
O al revés.

Ahora hay ratas blancas y enormes muertas en el suelo de mi habitación.
Y resulta que todo era un gran plan secreto de mis cervicales...

Meto a todas las ratas muertas en la funda de mi almohada.
Todo mucho más mullidito.
Más cómodo.
Como sobre plumas de cisne.


Duermo.
Mis cervicales también.