lunes, 30 de mayo de 2011

Niño cobarde bajo la mesa

Mi madre está preocupada.
A punto de llorar.
En el sofá de casa.

Mi padre le dice que ese es un barrio seguro.
Que no va a pasar nada.
Estamos a salvo.
Toda la familia.

Entonces unos tipos entran por la ventana.
Macarras de los ochenta.
Rollo Death Wish 3.
Una parodía del mal.



Se sacan cuchillos enormes.
Apuñalan a mis padres.
Apuñalan a mis hermanas.
No mueren.
Mil puñaladas.
Una y otra vez.
Gritos sin parar.
Pero nunca mueren.

Cuando mi madre empieza a llorar nunca acaba.
Mi padre se arrepiente de haber comprado ese piso.
En ese barrio tan seguro.

Yo me escondo debajo de la mesa.
No hago ruido.
No me descubren.
En realidad creo que hacen ver que no me descubren.
Sí, seguro que saben que estoy allí.
Los macarras.
Creo que sólo lo hacen para yo lo descubra.
Que soy un niño cobarde...

martes, 24 de mayo de 2011

Remakes. Secuelas. Pedir perdón.

A veces tengo sueños en los que me porto mal. Soy un cabrón con alguien, engaño a chicas o, sencillamente, soy un hijo de puta por diversión. Normalmente, en estos casos, me doy cuenta de mis malas acciones y el remordimiento, dentro del mismo sueño, hace que deje de comportarme como un cretino. 
Otras veces no.
Sencillamente soy mala gente durante toda la noche. Hasta que me despierto y pienso, bueno, ha sido un sueño. Aunque todos sabemos que eso no es una excusa. 
Por ejemplo, hace pocos días soñé algo bastante cruel:


ANTES DE DAR UNA CHARLA.
Abro la habitación de un hotel de lujo.
Llevo una maleta conmigo.
Voy bien vestido.
Creo que me han invitado a dar una charla sobre algo.
Me alojo en ese cinco estrellas.

Dentro de la habitación descubro al delgado de Hidrogenesse y una chica morena con melena larga deshaciendo su maleta sobre una cama.



La chica me sonríe, simpática.
Parece tan buena persona...

Ellos son mis compañeros de habitación. Compañeros de charla.

Después estamos en el bar del hotel.
Los tres.
La chica en medio.
El de Hidrogenesse y yo estamos compinchados.
Nos hacemos miradas cómplices.
Queremos emborrachar a la chica.

La chica está borracha perdida en el asiento de atrás del coche a punto de perder el conocimiento.
Pregunta que a dónde la llevamos.
El de Hidrogenesse de copiloto.
Yo conduzco.
Nos reímos sin hacer ruido.
Con los ojos.
Crueles.

Más tarde estamos desnudando a la chica en mitad de un espigón.
Es de noche.
La luna se refleja en el mar.
La chica nos pide por favor que no le hagamos daño.
Nosotros dos no decimos nada.
Sólo miradas crueles y risitas mudas.
Tardamos mucho en desnudarla.
A cámara lenta, frame a frame, siempre resultan más crueles las vejaciones.

Al final.
La chica desnuda.
La empujamos al agua del mar.
La vemos hundirse.

El de Hidrogenesse y yo nos vamos.
De vuelta al hotel.
Tranquilamente.
A dar los dos la charla, supongo...

FIN


Evidentemente no puedo más que despertarme con remordimientos.
He sido un desgraciado toda la noche.


Pero lo curioso de todo esto es cuando unos días después, por la noche, sueño exáctamente con el mismo planteamiento pero con un final distinto. Como si tuvieras una segunda oportunidad para resarcirte de ese primer sueño horrible en el que tiras a una chica desnuda al mar.


Me explico. 
Hoy he soñado exactamente el mismo sueño de ANTES DE DAR UNA CHARLA.
La misma crueldad al principio pero con un giro al final que me otorga el perdón.


Estamos en el espigón.
Con el de Hidrogenesse.
Desnudando a la chica...


ANTES DE DAR UNA CHARLA PIDO PERDÓN.
...
A cámara lenta, frame a frame, siempre resultan más crueles las vejaciones.


Al final.
La chica desnuda.
Me mira a los ojos.
Los tiene llorosos.
Piedad, me grita.
Piedad, sin abrir la boca. Sin hacer ruido.

Es entonces cuando lo entiendo todo.
Lo que estoy haciendo no está bien.

Miro al delgado de Hidrogenesse.
Él sigue con la misma sonrisa cruel.
A punto de empujar a la chica al mar.

Elípsis.
El delgado de Hidrogenesse se está hundiendo en el agua.
Como una momia.
Sin importarle morir ahogado.
Sabe que ha perdido.

Después camino el espigón.
Con la chica desnuda en brazos.
Se ha dormido.
A salvo.
A dar los dos la charla, supongo...

FIN

Quizás para poder ser buena persona, antes hay que ser un pedazo de mierda. Quizás necesito matar a alguien para poder salvarlo después y pedirle perdón. Creo que esto va de segundas oportunidades, de volver a intentarlo. Como cuando estamos despiertos.

viernes, 20 de mayo de 2011

Salvando bebés.

Sueño que estoy en Av. Paral·lel.
Un abuelo que camina delante mio descubre algo y lo señala con el dedo.
Grita.
Asustado.
El miedo por lo que ha visto es tan fuerte que se desmaya.
Se cae al suelo.


Rápidamente miro lo que el abuelo señalaba.
Se trata de una mujer que señala algo.
Tambíen asustada.
También grito.
También se desmaya.

Miro hacia la nueva dirección que me ha dado la mujer.

Ahora es una abuela.
Igual.
Grito. Dedo. Desmayo.

Así sigo un buen rato.
De dedo en dedo en dedo en dedo...

Finalmente descubre que unos bebés se están escapando de un hospital.
Son bebés de apenas tres meses.



Con pañales.
Pero saben correr.
Saben escapar.
Y saben esconderse bajo los coches. 

La ciudad está inundada de bebés.
En cualquier momento los pueden atropellar.
Y sólo yo puedo salvarlos.
Todos los otros siguen desmayados.

Voy salvando bebés.
Uno a uno.
Los entro al hospital.

Pero cada vez hay más bebés corriendo por Av. Parallel.
Me angustio pensando que no voy a ser capaz de recuperarlos a todos.

Toda la noche salvando bebés.

Por fin recojo al último.
Entro al hospital.
Orgulloso.
Cual héroe de bebés.

Estoy tan seguro de mi mismo que beso a la enfermera.
Es rubia.
De impecable blanco.

Me mira enfadada y me dice:
"Eso que has hecho no está bien..."

Toda mi valentía desaparece fulminada.
Sólo me atrevo a decir:
"He aparcado la bici fuera. ¿Crees que me la robarán?"

La enfermera me contesta:
"Probablemente sí. Te la robarán..."

Salgo cabizbajo del hospital.
Como si hubiera sido el peor día de mi vida.
El más vergonzoso.

jueves, 28 de abril de 2011

El plan de mis cervicales

Sueño que estoy durmiendo en mi habitación.
Me despierto.
Hay algo en mi almohada que no funciona.
Me duelen las cervicales.

Me quejo en voz alta. Como para que alguien me oiga y me ayude.
Pero no hay nadie más.

Sólo hay ratas.
Ratas blancas y enormes que corretean tranquilamente por el suelo de mi habitación.
Muchas.
Ratas.


Yo no me asusto.

Empiezo a matarlas una a una a pisotones.
Ellas tampoco se asustan; tenían claro que iban a morir, digo yo...
Ratas que son cucarachas.
O al revés.

Ahora hay ratas blancas y enormes muertas en el suelo de mi habitación.
Y resulta que todo era un gran plan secreto de mis cervicales...

Meto a todas las ratas muertas en la funda de mi almohada.
Todo mucho más mullidito.
Más cómodo.
Como sobre plumas de cisne.


Duermo.
Mis cervicales también.

martes, 26 de abril de 2011

Monólogos frente al espejo

Estoy en mi aula de Bachillerato.
Sentado en el pupitre.
Nada ha cambiado.
Ni la profesora de Física ni sus tejanos altos.
Todo igual.

Quiero que me echen de clase.
No sé el porqué pero quiero salir con urgencia.
Hago algo que mosquea a la profesora de Física.
"¡Fuera de clase, Miguel Angel!"

Después estoy en el baño del colegio.
Me estoy desnudando frente el espejo.
Un traje negro; americana y corbata.
Ensayo un monólogo despechado.
Echo cosas en cara a alguien.
Muy enfadado.
Como que no puedo más y que las cosas han pasado de la ralla.
Sobre que estoy cansado de ser la víctima de todo esta situación.


Camino por el pasillo del colegio muy decidido a hacerlo.
¿Hacer qué?
No lo sé.
Una chica rubia con el pelo corto me espera en la puerta del colegio.
No sé quién es.
Nos cogemos de la mano y nos vamos en silencio.
Complicidad.

Más tarde vuelvo a estar en el baño del colegio.
De nuevo frente el espejo.
Pero ahora me estoy vistiendo. El mismo traje.
Mi monólogo ahora es muy diferente.
Pido perdón.
Apelo a la piedad.
Intento dar pena frente al espejo
Puro arrepentiemiento por algo que he hecho.


Cómo siempre desconozco los porqués de todo.

sábado, 16 de abril de 2011

La mujer que pedalea

Tengo una cita.
De postín.
De parodia: traje, pajarita, ramo de rosas y cara de idiota.

No sé con quién.
Cita a ciegas, supongo.
Yo estoy muy ilusionado.
Parece que hace siglos que no he tenido una cita y llevo días ensayando aquellos viejos trucos.

Llego a un restaurante.
No hay mesas.
Ni camareros.

Sólo hay una chica en mitad del local pedaleando una bicicleta estática.
Como poseída.
Como queriendo batir su propio record de montaña de su Tour particular.

Y resulta que esa es mi cita.
Y a ella le da igual.
Le da igual mi traje y mi pajarita y mi ramo de rosas y mi cara de idiota.
Sólo quiere pedalear y pedalear.

Me pongo triste.

La chica es muy muy muy muy delgada.
Tan delgada que se le ven las venas y se le marcan los músculo por todo el cuerpo.
Parece una lámina de la EGB para estudiar el cuerpo humano.



Aunque me da un poco de grima sé que lo nuestro podría llegar a algún sitio.
Podríamos ser felices y obviar las venas y todo eso...

Si dejara de pedalear como una loca, claro...

Mantenemos una conversación:

"¿Estás lista?"
"Espera un momento. Cinco quilómetros y estoy."

Yo me siento en el suelo y espero.
La miro durante cinco quilómetros.

miércoles, 6 de abril de 2011

Traicionando al pulpo

Estoy dentro de un acuario.
Hay muchos pulpos.
Hablan conmigo.
Me dicen que han perdido una pata.
Están tristes.



Después estoy en la cocina de Unterlindau.
Frankfurt.
Cocino pulpo a la gallega para una horda de alemanes admirados ante mi arte entre los fogones.
Corto las patas sin ningún respeto.

Después estoy haciendo una canción.
La canción del pulpo.
Es una canción muy triste.
Algo así como de que la maté porque era mia...

FIN

Me despierto triste. Como si hubiera descubierto que el traidor de mi pelotón soy yo mismo.