viernes, 20 de mayo de 2011

Salvando bebés.

Sueño que estoy en Av. Paral·lel.
Un abuelo que camina delante mio descubre algo y lo señala con el dedo.
Grita.
Asustado.
El miedo por lo que ha visto es tan fuerte que se desmaya.
Se cae al suelo.


Rápidamente miro lo que el abuelo señalaba.
Se trata de una mujer que señala algo.
Tambíen asustada.
También grito.
También se desmaya.

Miro hacia la nueva dirección que me ha dado la mujer.

Ahora es una abuela.
Igual.
Grito. Dedo. Desmayo.

Así sigo un buen rato.
De dedo en dedo en dedo en dedo...

Finalmente descubre que unos bebés se están escapando de un hospital.
Son bebés de apenas tres meses.



Con pañales.
Pero saben correr.
Saben escapar.
Y saben esconderse bajo los coches. 

La ciudad está inundada de bebés.
En cualquier momento los pueden atropellar.
Y sólo yo puedo salvarlos.
Todos los otros siguen desmayados.

Voy salvando bebés.
Uno a uno.
Los entro al hospital.

Pero cada vez hay más bebés corriendo por Av. Parallel.
Me angustio pensando que no voy a ser capaz de recuperarlos a todos.

Toda la noche salvando bebés.

Por fin recojo al último.
Entro al hospital.
Orgulloso.
Cual héroe de bebés.

Estoy tan seguro de mi mismo que beso a la enfermera.
Es rubia.
De impecable blanco.

Me mira enfadada y me dice:
"Eso que has hecho no está bien..."

Toda mi valentía desaparece fulminada.
Sólo me atrevo a decir:
"He aparcado la bici fuera. ¿Crees que me la robarán?"

La enfermera me contesta:
"Probablemente sí. Te la robarán..."

Salgo cabizbajo del hospital.
Como si hubiera sido el peor día de mi vida.
El más vergonzoso.

jueves, 28 de abril de 2011

El plan de mis cervicales

Sueño que estoy durmiendo en mi habitación.
Me despierto.
Hay algo en mi almohada que no funciona.
Me duelen las cervicales.

Me quejo en voz alta. Como para que alguien me oiga y me ayude.
Pero no hay nadie más.

Sólo hay ratas.
Ratas blancas y enormes que corretean tranquilamente por el suelo de mi habitación.
Muchas.
Ratas.


Yo no me asusto.

Empiezo a matarlas una a una a pisotones.
Ellas tampoco se asustan; tenían claro que iban a morir, digo yo...
Ratas que son cucarachas.
O al revés.

Ahora hay ratas blancas y enormes muertas en el suelo de mi habitación.
Y resulta que todo era un gran plan secreto de mis cervicales...

Meto a todas las ratas muertas en la funda de mi almohada.
Todo mucho más mullidito.
Más cómodo.
Como sobre plumas de cisne.


Duermo.
Mis cervicales también.

martes, 26 de abril de 2011

Monólogos frente al espejo

Estoy en mi aula de Bachillerato.
Sentado en el pupitre.
Nada ha cambiado.
Ni la profesora de Física ni sus tejanos altos.
Todo igual.

Quiero que me echen de clase.
No sé el porqué pero quiero salir con urgencia.
Hago algo que mosquea a la profesora de Física.
"¡Fuera de clase, Miguel Angel!"

Después estoy en el baño del colegio.
Me estoy desnudando frente el espejo.
Un traje negro; americana y corbata.
Ensayo un monólogo despechado.
Echo cosas en cara a alguien.
Muy enfadado.
Como que no puedo más y que las cosas han pasado de la ralla.
Sobre que estoy cansado de ser la víctima de todo esta situación.


Camino por el pasillo del colegio muy decidido a hacerlo.
¿Hacer qué?
No lo sé.
Una chica rubia con el pelo corto me espera en la puerta del colegio.
No sé quién es.
Nos cogemos de la mano y nos vamos en silencio.
Complicidad.

Más tarde vuelvo a estar en el baño del colegio.
De nuevo frente el espejo.
Pero ahora me estoy vistiendo. El mismo traje.
Mi monólogo ahora es muy diferente.
Pido perdón.
Apelo a la piedad.
Intento dar pena frente al espejo
Puro arrepentiemiento por algo que he hecho.


Cómo siempre desconozco los porqués de todo.

sábado, 16 de abril de 2011

La mujer que pedalea

Tengo una cita.
De postín.
De parodia: traje, pajarita, ramo de rosas y cara de idiota.

No sé con quién.
Cita a ciegas, supongo.
Yo estoy muy ilusionado.
Parece que hace siglos que no he tenido una cita y llevo días ensayando aquellos viejos trucos.

Llego a un restaurante.
No hay mesas.
Ni camareros.

Sólo hay una chica en mitad del local pedaleando una bicicleta estática.
Como poseída.
Como queriendo batir su propio record de montaña de su Tour particular.

Y resulta que esa es mi cita.
Y a ella le da igual.
Le da igual mi traje y mi pajarita y mi ramo de rosas y mi cara de idiota.
Sólo quiere pedalear y pedalear.

Me pongo triste.

La chica es muy muy muy muy delgada.
Tan delgada que se le ven las venas y se le marcan los músculo por todo el cuerpo.
Parece una lámina de la EGB para estudiar el cuerpo humano.



Aunque me da un poco de grima sé que lo nuestro podría llegar a algún sitio.
Podríamos ser felices y obviar las venas y todo eso...

Si dejara de pedalear como una loca, claro...

Mantenemos una conversación:

"¿Estás lista?"
"Espera un momento. Cinco quilómetros y estoy."

Yo me siento en el suelo y espero.
La miro durante cinco quilómetros.

miércoles, 6 de abril de 2011

Traicionando al pulpo

Estoy dentro de un acuario.
Hay muchos pulpos.
Hablan conmigo.
Me dicen que han perdido una pata.
Están tristes.



Después estoy en la cocina de Unterlindau.
Frankfurt.
Cocino pulpo a la gallega para una horda de alemanes admirados ante mi arte entre los fogones.
Corto las patas sin ningún respeto.

Después estoy haciendo una canción.
La canción del pulpo.
Es una canción muy triste.
Algo así como de que la maté porque era mia...

FIN

Me despierto triste. Como si hubiera descubierto que el traidor de mi pelotón soy yo mismo.

lunes, 4 de abril de 2011

Chicle y cerveza

Estoy con Patri.
En la cama.
Nos estamos partiendo de risa por alguna tontería.
Nos gustan las tonterías...

Los dos estamos bebiendo cerveza.
Una de esas de botella de medio litro.
Alemana.
De trigo.



También estamos mascando chicle.
Parece que nos hemos metido muchos chicles en la boca.
Hacemos esfuerzos por mascar.

Entonces descubro el juego:
Consiste en hacer burbujas de chicle enormes llenas de cerveza.
Como si fueran globos de agua.
Pero con chicle y cerveza.
Al final las burbujas de chicle revientan y lo llenamos todo de cerveza.

Es divertidísimo.
De verdad...

sábado, 2 de abril de 2011

La noche que soy Godzilla

Todo empieza con Jonh Waters gritándome.
Que si lo que estoy haciendo no está bien...
Que si me he vuelto loco...
No es la imagen que tengo del director de Pink Flamingos; un tipo metiéndome bronca sin parar...



Yo lo veo desde el cielo.
Como desde muy arriba.
Y no sé por qué...

Hasta que descubro que soy un gigante.
Como un Godzilla en mitad de la ciudad.
Los rascacielos me llegan por las rodillas.
Tengo aspecto monstruoso. Malvado.
Muy de te vas a enterar...



El Marzoa, una vez más, está a mi lado...
También engodzillado, enorme y monstruoso.

Cuando descubro mi papel, lo tengo claro...
¡Destruir la ciudad!
Me pongo a ello.
Y lo primero que hago es callarle la boca a Jonh Waters.
Pisotón.
Muere chafado.

Marzoa me mira mal.

Después empiezo a destruir la ciudad sin piedad.
A pisotones.
Haciendo la croqueta.
Haciendo ángeles.

Soy feliz destruyendo.
Y Marzoa me sigue mirando mal.
Como que no tengo solución...